Wednesday June 28 2017
15 agosto, 2012
0
||||| 0 |||||
123

Por qué los padres podemos hacer que los números dejen de ser divertidos para nuestros hijos

AprendizajeFractal_aprender-con-numeros-de-goma

 

Sí, desde muy pequeños a los niños les encantan los números. Sólo hay que verlos jugar y preguntar por ellos. Sin embargo, en poco tiempo dejan de sentir interés por ellos. Parece que para muchos niños los números se van convirtiendo poco a poco en algo pesado, molesto y dejan de participar, dejan de contar, identificar y preguntar por ellos. Casi sin darnos cuenta gradualmente los niños y los números dejan de llevarse bien. Los números dejan de ser divertidos y los niños al final no quieren jugar con ellos.

Con frecuencia este cambio suele ocurrir cuando los números dejan de ser números y se convierten en Matemáticas. Los números no han cambiado, siguen siendo los mismos, pero nuestra forma de enseñárselos y de compartir este conocimiento con nuestros hijos cambia por completo.

De repente los números nos preocupan por que cuando pensamos en ellos lo que queremos es que nuestro hijo sepa contar hasta diez, acierte siempre con su edad y lo diga correctamente cuando se le pregunta, que identifique con rapidez cada dígito que le indicamos o que demuestre que es capaz de hacer una cuenta atrás sin equivocarse. Sí, los números nos empiezan a preocupar y esa preocupación se la empezamos a trasmitir a nuestros hijos.

Pero, la verdad es que estamos llenos de buenas intenciones por que queremos ayudar a nuestro pequeño en sus nuevos aprendizajes y repasar y consolidar cada conocimiento. Por éso le preguntamos “de vez en cuando”, sin agobiarle, sin presiones o de forma simpática, sin darle demasiada importancia …. o, al menos, éso es lo que creemos por que en realidad lo que hacemos es aprovechar cualquier situación para asegurarnos que saben lo que creemos que deben saber.

Lo que hacemos, casi sin querer y llenos de buenas intenciones, es convertir toda su vida en un examen continuo, examen que puede surgir en cualquier situación y momento, sólo hace falta que aparezcan los números y hay números por todas partes.

Somos buenos padres pero, sin darnos cuenta, nos convertimos en “profes a la antigua usanza”, examinando y poniendo a prueba a nuestros hijos, evaluándoles, dándoles el visto bueno y dando lecciones mientras juegan, en casa, cuando comen, cuando pasean con nosotros, si saludan a alguien, si nos acompañan a la tienda o durante una tranquila conversación.

Somos buenos padres con buenas intenciones que, con dedicación y cariño, queremos ayudar a nuestros hijos. Pero sin darnos cuenta generamos una presión añadida sobre nuestros pequeños ya que en seguida perciben perfectamente lo que se espera de ellos: Que acierten la respuesta correcta.

Además creamos un nuevo entorno “casi-escolar” fuera del colegio. Si los niños van a la escuela o el colegio cuando ésto ocurre, pensarán que su casa y su relación con sus padres se ha convertido en una extensión del aula de mates. Si no van al colegio o la escuela cuando este cambio de actitud ocurra, lo que pensarán es que algo ha cambiado en nosotros … y ahora muchas situaciones que antes eran normales ahora son una prueba constante. En ambos casos los números han dejado de ser divertidos para ser una fuente de problemas y tensión … como los exámenes, las evaluaciones y los deberes.

Los números, contar, sumar y saber más sobre ellos habrán pasado a un segundo plano y lo importante será “aprobar” el pequeño examen casero y familiar.

Estas pequeñas e inocentes situaciones pueden llegar a ser bastante estresantes para los niños por que para ellos conseguir que papa y mama estén contentos es muy-my importante y no saber la respuesta correcta significará tres cosas:

1. hay algo que no saben,

2. papa y mama se han enterado de que no lo saben y

3. puede que papa y mama se preocupen, se entristecen o incluso se enfaden.

Hay muchos niños que se adaptan a estas situaciones rápidamente y reaccionan bien. No se sienten presionados o aprenden a superarla sin demasiados problemas. Otros niños, en cambio, se sienten en tensión y molestos y como consecuencia pierden interés por los números y las matemáticas. Otros lo viven como una situación altamente estresante y se angustian.

El amor, el cariño y la paciencia son maravillosas para conseguir que los niños superen estas situaciones y respondan bien, sigan aprendiendo y no lo perciban como algo negativo.

Pero no siempre depende de lo que nosotros hagamos. A veces lo más importante es cómo ellos lo vivencian, lo que sienten y se imaginan.

Y, además de hacer lo que quieren papa y mama o la tensión de acertar la respuesta correcta, otro aspecto a tener en cuenta son las expectativas. Las expectativas que nosotros tenemos sobre nuestro hijo y las que él tiene sobre sí mismo.

Sabemos que nuestro niño es listo, que es muy inteligente, que éso ya lo sabe y si no lo sabe, no importa, será la presión, que le da vergüenza, o que ya lo aprenderá … Sentimos en nuestro corazón que es el mejor .. y él quiere ser el mejor, para sí mismo y para nosotros. Es un sentimiento sano y natural: El deseo de superación, de aprender a hacerlo mejor, de triunfar, de se el primero.

Según la edad, la personalidad de cada niño y la maduración psicosocial y personal, los niños establecen sus propios deseos de superarse y triunfar. Les gusta hacerlo ante sí mismos y les emociona poder hacerlo antes sus padres, para ellos su mejor público.

Sin embargo verse constantemente evaluados por sus padres en pequeños exámenes y pruebas caseras para algunos niños puede ser algo agobiante. Esta situación unida a ese deseo natural por superarse, aprender y triunfar, que puede existir incluso en edades tempranas, puede generar unas expectativas muy altas para un niño. Pero lo peor es que puede dar lugar a otro tipo de “efectos secundarios”:

La necesidad de acertar y hacerlo siempre bien ante los demás, puede dar lugar al miedo al fracaso y miedo a decepcionarnos.

Para algunos padres todo ésto les parecerá una exageración ya que el mismo niño no tiene por qué vivir y sentir todas las situaciones que acabamos de describir. Algunos les da vergüenza que les estén preguntando delante de los demás, otros se esfuerzan tanto en acertar y estar a la altura de lo que se espera de ellos que no lo percibimos como un problema y otros niños se alegran tanto cada vez que dan la respuesta correcta que contagian a sus padres con esa alegría.

Todos los niños se adaptan de una manera u otra a las situaciones que les planteamos. Pero lo que no percibimos es que los números han dejado de ser divertidos y bonitos. Dejan de ser interesantes para convertirse en materia de examen y en poco tiempo su conocimiento y comprensión se van transformando en una obligación y no en algo útil.

Así que en el momento en el que los padres dejamos de ver, enseñar y compartir con nuestros hijos los números como números y pasamos a verlos como Matemáticas, perdemos una baza muy importante.

Así que:

Es importante que recuperemos ese enfoque tranquilidad y desenfadado que teníamos cuando los números no eran nada más que números, cantidades y dibujos bonitos.

Es importante que volvamos a dejar a los números ser números, con su utilidad práctica y sin forzar su aprendizaje.

Aunque parezca una nimiedad, será clave para nuestros pequeños dejar de examinarles a cada rato para confirmar y repasar lo que saben o no saben.

Y sobretodo lo más importante será volver a compartir nuestro conocimiento sólo cuando es necesario. Sin dar lecciones, sin corregir ni poner “aprobados”. Simplemente compartir para disfrutar de lo que nos rodea.

Llegará el día en que tu hijo tendrá sus propios trabajos, ejercicios, lapbooks, cuadernillos, estudios e investigaciones. Entonces se encaminará en el complicado mundo de aprender por objetivos e ir descubriendo el mundo de forma organizada y estructurada.

Puede que todo éso lo haga en el colegio o como homeschooler. Pero hasta que llegue ese momento déjale disfrutar y divertirse sin más … y así aprenderá mucho más de lo que crees.

Share this:
Tags:

About Eva Drake

Eva Drake

Psicóloga clínica Univerdidad Complutense de Madrid (1992)

  • Website
  • Email

Add Comment