Jugando a Super Mario Bros 1

Por qué los adultos malinterpretamos a veces lo que los niños nos dicen (I)

Jugando a Super Mario Bros 1

Con frecuencia interpretamos y damos por descontado la intencionalidad de los niños cuando nos contestan.

Para nosotros es fácil descifrarlo. Nos fijamos en el tono de voz, las inflexiones que hacen, la expresión de cara y otros detalles que hemos ido aprendiendo a comprender y utilizar en nuestras relaciones personales a lo largo de nuestra vida. Es la Comunicación No Verbal que todos aprendemos a interpretar pero que también aprendemos a utilizar, controlar y usar. Los adultos vamos aprendiendo no sólo a interpretarlas en nuestras relaciones con los demás sino también a provocarlas intencionalmente .. aunque a veces lo hagamos “casi sin darnos cuenta” de forma intuitiva y natural.

Desgraciadamente lo que también solemos hacer es aplicarla para comprender y comunicarnos con los niños exactamente igual que lo hacemos con los adultos. Esto es un problema por que hay una seria diferencia entre la Comunicación No Verbal de los niños y la de los adultos.

La diferencia es que los niños están aprendiendo lo que es la Comunicación no Verbal, lo aprenden de nosotros, de otros niños y de otros adultos. Cuando aprenden lo que son las emociones, a sentirlas y vivr con ellas, aprenden su expresión en nuestra cara y nuestro cuerpo, y poco a poco aprenden a “leerlas”.

A su vez, conforme aprenden todo ésto, también lo utilizan … o mejor deberíamos decir “se les escapa”. Por que los niños se comunican libremente (siempre y cuando comunicar lo que piensan y sienten no tenga consecuencias negativas). Así que:

los niños no controlan, utilizan o dirigen su Comunicación No Verbal intencionalmente como los adultos ni de forma intitiva ni con premeditación. Ellos necesitarán años de aprendizaje para controlar este complejo y sutíl arte. Y hasta entonces lo que dicen y hacen muchas veces es parte de ese aprendizaje, sin pensar, sin premeditaciones ni segundas intenciones. Por éso los niños suelen ser sinceros y espontaneos en su Comunicación No Verbal.

El problema de interpretar lo que nuestros pekeños dicen y hacen con el mismo criterio que se interpreta a una persona adulta, es que podemos correr el peligro de malinterpretar sus intenciones, de asumir actitudes, dobleces y/o segundas intenciones que quizá no existan en el niño.

Puede que las bromas, expresiones y comunicaciones de nuestros pekeños sean mucho más sencillas y bien intencionadas de lo que pensamos y puede que lo descubramos fácilmente si nos desprendemos de esas interpretaciones que como adultos solemos hacer de ellos.

Así que a veces, es mejor:

  1. relajarnos y escuchar con tranquilidad, sin prisas y sin interpretar intención alguna ;
  2. si hemos interpretado, ponerlo en cuarentena en vez de actuar en consecuencia;
  3. cambiar de perspectiva … puede que lo que nos parece tan grave no lo sea;
  4. darle tiempo al tiempo, si reaccionamos rápidamente nos dejamos llevar por lo que creemos que nos han dicho, si esperamos antes de responder puede que le demos importancia a otros detalles más interesantes que se nos habían pasado desapercibidos al principio
  5. responder de forma diferente a como o hacemos siempre
  6. preguntar después para comprender mejor lo que ha pasado en realidad

Pon en duda tus interpretaciones y descubre en qué pensaba de verdad tu peke.

 

Aunque siempre es mejor un pequeñ ejemplo.

————– Bitácora: Comer a la hora de comer y más ——-

Esta misma tarde los dos pekes están comiendo mientras juegan a Super Mario Bros. en el pc.

Supongo que no es un buen ejemplo, pero es algo que les gusta hacer y nosotros aceptamos de común acuerdo.

El acuerdo consiste en que mientras el juego no perjudique la Salud, pueden jugar, pero si el juego “no les deja comer” (algo que es una cuetión de Salud) no se podría seguir jugando.

Madre mía, pienso, se les olvida comer …. Sí, se les olvida de vez en cuando así que para conseguir que el trato funcione hay que estar recordándoselo con frecuencia.

Está bien, lo confieso: Mis chicos no son de esos que salen en la tele, que se sientan en la mesa y que comen solitos con perfectos modales y relajada charla de entremesa como si fueran auténticos caballeros ingleses.

Los míos se pasan la comida jugando, haciendo los efectos especiales a gritos de las partidas, absortos viendo los dibujos si los pongo, discutiendo por los detalles de cada juego o tirandose al suelo desde la silla si hacen “game over”. Si se pelean la liamos parda y si no comen mama es quien la lía.
Cuando las cosas se ponen muy feas se suspende el acuerdo y no les queda más remedio que comer en la mesa, al modo tradicional, … y lejos de los pcs y sus partidas de Super Mario, You Tube o lo que toque ….

Hoy en una de esas veces que tengo qe recordarle al mayor que coma le digo con voz firme pero amorosa:

– Peke, comiendo. La boquita siempre llena, masticando mientras juegas – le digo

– Es que tengo que comer hasta cuando esté muerto???? – me responde con ese tono de voz que tienen a veces los niños de 7 u 8 años y que a nosotros los adultos nos suena tan desafiante.

No es la primera vez que me dice algo así y hasta hoy siempre me ha molestado o me he enfado por el tono, el contenido y la ligera agresividad que parecen contener este tipo de respuestas.

Durante un segundo estuve a punto de decirle que ésa no era forma de responderme y bla, bla, bla …..

Sin embargo, hoy he pensado que igual es una forma de responder en plan exagerado y no en plan “te respondo mal por qe me estas molestando”.
Al cambiar mi percepción de sus intenciones, también ha cambiado mi actitud y mi reacción ….. y le he respondido casi sonriendo:

– Bueno, si puedes hacerlo entonces, hazlo.

– Mamaaaa! – me dice y cuando iba a añadir algo más se le olvida por que pasa algo mucho más importante en la partida de Mario y sigue jugando

Genial, pienso, me siento mejor y ellos también. Siguen jugando comiendo y espero volver a hacerlo así de bien la próxima vez.

Por la tarde, le pregunté al peke por lo que pasó a la hora de comer y por la frase que había dicho. Le pregunté por qué había dicho éso y me respondió:
– Era una broma, mama!
Claro, hablamos, y aclaramos los dos, los muertos no pueden comer así que era una broma.

Me alegré de saberlo y de no haberme enfadado con él unas horas antes, por que yo había interpretado que me respondía de forma destemplada por que le estaba interrumpiendo su juego y me respondía así por que le estaba molestando.

Eva Drake (psicóloga clínica)